El arte sin palabras que sigue marcando ritmo en la Ciudad
3 minutos de lectura
En un contexto donde la escena independiente busca reinventarse sin perder identidad, Salir del ruedo vuelve a ocupar el centro del escenario con una propuesta que, a diez años de su estreno, conserva intacta su potencia: un cruce visceral entre flamenco, teatralidad y mirada contemporánea que interpela desde el cuerpo y prescinde de la palabra.
“Es un juego, pero también una confrontación”, podría sintetizarse desde la lógica interna de la obra, donde dos mujeres se enfrentan en un espacio blanco que funciona como territorio simbólico.
Allí, la tensión y el humor conviven en una dinámica precisa, en la que cada gesto, cada zapateo y cada silencio construyen sentido sin necesidad de texto hablado, apoyándose en una dramaturgia física que apuesta a lo sensorial antes que a lo discursivo.
El regreso de Salir del ruedo, creación de Mariana Astutti y Laura Azcurra, no es simplemente una reposición: es la reafirmación de un lenguaje escénico que logró consolidarse con identidad propia dentro del circuito teatral.
Las funciones, previstas para los sábados de mayo a las 21 en la Sala Redonda del Centro Cultural 25 de Mayo, recuperan una obra que, desde su origen, apostó por una síntesis poco frecuente entre danza, música en vivo y teatralidad física.
La pieza propone una exploración sobre qué implica hacer flamenco en Argentina, lejos de una reproducción estricta de la tradición española.
En ese cruce aparece una relectura atravesada por lo local, por la corporalidad rioplatense y por una sensibilidad contemporánea que interpela el rol de lo femenino en escena.
No hay relato lineal ni estructura narrativa convencional: lo que emerge es una poética del movimiento donde el cuerpo se convierte en territorio de disputa, expresión y resistencia.
A lo largo de sus 55 minutos de duración, la obra despliega una coreografía que alterna momentos de tensión con otros de distensión, logrando una dinámica rítmica que mantiene al espectador en un estado de atención constante.
El zapateo no es solo recurso estético, sino también herramienta dramática; la percusión corporal amplifica ese efecto, construyendo una banda sonora orgánica que refuerza el carácter ritual del espectáculo.
El recorrido de la obra en esta década da cuenta de su relevancia. Con presentaciones en distintos espacios de Buenos Aires, giras por ciudades del interior del país y funciones en Uruguay —incluyendo su paso por el Teatro Solís—, Salir del ruedo logró trascender el circuito independiente sin perder su esencia.
Ese trayecto fue recientemente reconocido con la declaración de interés cultural y federal por parte de la Legislatura porteña, un respaldo institucional que subraya su impacto artístico.
En el centro de este proyecto se encuentra Laura Azcurra, figura con una trayectoria consolidada en teatro, cine y televisión, que aquí despliega una faceta ligada a la investigación escénica.
Su trabajo con el flamenco, desarrollado durante más de dos décadas, se integra con herramientas como la improvisación y la experimentación sonora, generando un lenguaje híbrido que evita encasillamientos. Esta búsqueda se articula con una puesta que privilegia la presencia física y la conexión directa con el público.
La vigencia de la obra también puede leerse en clave de actualidad: en un momento donde las artes escénicas exploran nuevas formas de narrar, propuestas como Salir del ruedo demuestran que el cuerpo sigue siendo un dispositivo expresivo central.
La ausencia de texto no implica vacío, sino una apuesta a otro tipo de comunicación, más intuitiva y menos mediada, que exige una participación activa del espectador.
A una década de su creación, Salir del ruedo no solo celebra su permanencia, sino que reafirma su lugar como una pieza singular dentro del teatro contemporáneo local, capaz de dialogar con tradiciones diversas sin perder su identidad y de sostener, función tras función, una intensidad escénica que la mantiene vigente.


