El TC 2000 vuelve a rugir en un callejero en la Ciudad
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Buenos Aires acelera y no es una metáfora. El 14 y 15 de marzo, el sur porteño se convertirá en un circuito de alta velocidad con la llegada del GRAN PREMIO CIUDAD DE BUENOS AIRES – YPF INFINIA TURBOCLEAN, una competencia que promete marcar un antes y un después en el calendario deportivo local.
No se trata solo de una carrera: es una apuesta fuerte por devolverle protagonismo a una zona histórica de la Ciudad y por reinstalar al automovilismo en el centro de la escena urbana.
“Va a ser una fiesta del automovilismo, no solamente una carrera, sino un festival para que la gente lo disfrute”, aseguró el secretario de Deportes porteño, Fabián Turnes, durante la presentación oficial en el Palacio Libertad, acompañado por autoridades del Automóvil Club Argentino, dirigentes de la categoría y pilotos como el campeón defensor Matías Rossi y Franco Vivian.
La definición no fue casual: el evento fue concebido como una experiencia integral que combine deporte, entretenimiento y encuentro familiar.
El circuito callejero tendrá una extensión de 2.509 metros y recorrerá las avenidas General Roca y Escalada, además de un sector interno del Parque de la Ciudad.
La recta principal, de 952 metros sobre la avenida Roca, permitirá que los autos alcancen velocidades cercanas a los 250 kilómetros por hora, un dato que grafica la magnitud técnica del trazado.
No será un dibujo improvisado: ya se trabaja en el montaje con estándares de seguridad que siguen lineamientos internacionales.
El “Campeonato de TC 2000 YPF Energía Argentina”, la categoría más tecnológica del país, abrirá su temporada en territorio porteño trece años después de su última presentación en un callejero de la Ciudad.
La historia reciente respalda la expectativa: en 2012, la competencia reunió a un millón de espectadores en el centro; en 2013, convocó a 700 mil personas en Recoleta. Aquellas cifras marcaron un hito y ahora la organización confía en reeditar ese fenómeno, esta vez con el foco puesto en el corredor sur.
Alejandro Levy, presidente de Tango Motorsports y responsable de la organización, fue contundente al dimensionar el desafío: sostuvo que no es un evento más, sino una producción de gran escala que requiere coordinación estrecha con el Gobierno porteño.
En ese sentido, la logística incluirá sector VIP, Fan Zone con propuestas recreativas, áreas gastronómicas, paddock dentro del Parque de la Ciudad, boxes montados especialmente y estacionamientos diferenciados para público general e invitados.
Desde el punto de vista técnico, Eduardo Baca, titular de la Comisión Deportiva Automovilística del ACA, explicó que el armado del circuito comenzó con suficiente anticipación y que se están cumpliendo exigentes parámetros de seguridad.
En los callejeros, la precisión es clave: muros de contención, escapatorias, protecciones y señalización deben ajustarse a protocolos rigurosos. La intención es aplicar modelos internacionales y garantizar que la competencia combine espectáculo con resguardo para pilotos y espectadores.
La decisión de correr en un circuito urbano no responde solo a una apuesta estética. El Autódromo Oscar y Juan Gálvez se encuentra en pleno proceso de remodelación y no puede utilizarse.
Las obras comenzaron en enero con el objetivo de adecuarlo a estándares internacionales y posicionarlo como uno de los complejos más modernos de la región.
El plan es ambicioso: se proyecta recuperar una fecha del campeonato mundial de Fórmula 1 para la Argentina y preparar el terreno para el regreso del MotoGP tras 28 años de ausencia.
Este Gran Premio aparece entonces como el puntapié inicial de un calendario que mira hacia 2027, año en que Buenos Aires será Capital Mundial del Deporte.
En esa hoja de ruta figuran eventos de primer nivel y una estrategia clara: revitalizar el sur porteño, potenciar el Parque Olímpico de la Juventud, el Parque Roca, el Parque de la Ciudad y el propio autódromo como polos de actividad permanente.
El impacto no se medirá únicamente en términos deportivos. La llegada de miles de personas durante el fin de semana implicará movimiento económico para comercios, gastronomía y servicios.
La industria del automovilismo, que combina tecnología, ingeniería y espectáculo, vuelve a ganar visibilidad en el corazón urbano.
Y en un contexto donde las grandes ciudades compiten por atraer eventos de escala internacional, Buenos Aires busca posicionarse con una propuesta que integra velocidad, infraestructura y proyección global.
La postal que se anticipa es potente: autos de última generación rugiendo entre avenidas, tribunas colmadas, familias recorriendo el Fan Zone y un sur porteño convertido en escenario central.
Si la convocatoria responde como en ediciones anteriores, la Ciudad habrá dado un paso significativo en su estrategia de reposicionamiento deportivo.
El 14 y 15 de marzo no serán fechas más en el calendario. Serán la prueba de que Buenos Aires puede transformar sus calles en un circuito de clase internacional y, al mismo tiempo, convertir una carrera en un verdadero acontecimiento popular.
La bandera a cuadros marcará el final de la competencia, pero también el inicio de una etapa que apunta a devolverle al automovilismo argentino un lugar protagónico en su propia casa.



