Más de 300 jóvenes protagonizaron el cierre de Vacaciones en la Escuela
4 minutos de lectura
Más de 300 adolescentes colmaron el Parque de la Ciudad para ponerle punto final a la edición invierno de Vacaciones en la Escuela, una propuesta que no solo entretiene sino que forma, vincula e inspira. Coreografías, canciones, escudos y talleres dieron cuerpo a una jornada que fue mucho más que un fogón: fue una muestra vibrante de lo que pasa cuando se habilita el derecho a la expresión y al juego.
“Este programa es mucho más que una actividad de vacaciones: es una experiencia transformadora para miles de chicos y chicas de la Ciudad”, expresó una de las docentes presentes, mientras el fuego encendido reunía a estudiantes, educadores y autoridades en una ronda que simbolizó el cierre de dos semanas de intensa construcción colectiva.
Durante quince días, los y las estudiantes de nivel secundario participaron en propuestas que pusieron en primer plano valores como la creatividad, el trabajo en equipo, la escucha mutua y la diversidad.
En un escenario donde abundan los discursos que estigmatizan a la juventud, la experiencia de Vacaciones en la Escuela refuerza otra idea: la de una juventud activa, sensible, con voz propia y enorme potencial.
Y eso fue lo que quedó en evidencia en el fogón final, donde cada grupo presentó lo trabajado: desde raps originales hasta escudos que contaban sus historias personales y grupales.
El encuentro, realizado en el Parque de la Ciudad, comenzó temprano con una serie de presentaciones artísticas.
Grupos de estudiantes entre 16 y 18 años se subieron al escenario improvisado para compartir coreografías creadas por ellos mismos, canciones con letras que hablaban de sus realidades y sueños, y escudos simbólicos diseñados con orgullo.
Estos escudos, construidos en los días previos, fueron el resultado de un proceso reflexivo e identitario que atravesó toda la experiencia.
Luego, como marca la tradición, se encendió el fogón. Fue un momento cargado de emoción y simbolismo, especialmente para quienes están próximos a egresar del programa.
Las autoridades presentes dedicaron unas palabras a los jóvenes, agradeciendo la participación y el compromiso demostrado a lo largo de las semanas. Docentes y coordinadores, por su parte, compartieron anécdotas y recordaron los logros colectivos.
Además del espacio ceremonial del fogón, la jornada ofreció talleres abiertos de rap, percusión corporal, cumbia y danza.
Estas propuestas invitaron a mover el cuerpo, experimentar con el ritmo y seguir creando hasta el cierre. Hubo tiempo para la improvisación, para el juego, para la risa. Y, sobre todo, para fortalecer vínculos entre chicos y chicas que tal vez no se conocían antes, pero que encontraron un espacio común en el arte.
El programa Vacaciones en la Escuela no es nuevo. Lleva años consolidándose como una política pública clave para garantizar el acceso a propuestas culturales, pedagógicas y recreativas durante los períodos de receso escolar.
La edición invierno 2025 no fue la excepción: cientos de sedes en toda la Ciudad ofrecieron actividades para todas las edades, pero esta jornada en particular estuvo destinada a estudiantes del nivel secundario.
A lo largo de estas dos semanas, los chicos participaron en talleres que no solo ofrecieron contenidos, sino que promovieron el pensamiento crítico, la cooperación y la empatía.
Muchos de los raps compuestos abordaban temas como la discriminación, el futuro, la amistad o la pertenencia. Las coreografías, por su parte, pusieron en juego la coordinación, la escucha y la capacidad de crear en grupo.
Los escudos, quizás la actividad más simbólica, funcionaron como verdaderos manifiestos visuales: allí los jóvenes expresaron sus valores, sus deseos, sus luchas y sus sueños. Algunos incluían frases como “Somos unión”, “Nadie queda afuera” o “Fuego y arte”, que resumían perfectamente el espíritu de la jornada.
Al cierre del día, con el sol cayendo sobre el parque y las brasas aún encendidas, el clima era de fiesta. Pero también de nostalgia: para muchos, esta edición significó su último año como participantes. Algunos ya proyectan ser parte del programa desde otro rol, como talleristas o coordinadores. El legado está sembrado.
Desde mi lugar como cronista, no puedo dejar de destacar el valor de políticas como Vacaciones en la Escuela, que visibilizan una dimensión de la juventud que a menudo es ignorada: su enorme capacidad de construir, crear y transformar cuando se les brinda el espacio para hacerlo.
El fogón fue la excusa, pero lo esencial estuvo en cada gesto, en cada mirada cómplice entre pares, en cada aplauso compartido.
Y así, con música, fuego, abrazos y proyectos que ya germinan, se cerró una edición más del programa.
Lo que queda, más allá del invierno, es la certeza de que educar también es habilitar el juego, la palabra y el arte. Y que cuando eso sucede, el futuro se enciende como un fogón colectivo.