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Oscar Araiz estrena “Quimera” en el Recoleta

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El universo poético de Federico García Lorca llega al Centro Cultural Recoleta de la mano de uno de los grandes nombres de la danza argentina.

Este 8 de octubre, el coreógrafo y director Oscar Araiz estrenará Quimera, una obra concebida especialmente para La Capilla, donde el movimiento, la imagen, el teatro y la música se combinan para construir una experiencia que busca escapar de las formas previsibles y de las interpretaciones cerradas.

“Procuro convocar al público a participar de un juego estético formal, emocional y simple”, define Araiz al referirse a una creación que no pretende contar una historia de manera lineal, sino sumergir al espectador en un territorio de sensaciones, contrastes y asociaciones.

En Quimera, el creador vuelve a poner en el centro una de las características que atraviesan buena parte de su trayectoria: la diversidad de cuerpos, lenguajes, experiencias y procedencias reunidas dentro de un mismo escenario.

El propio título de la obra funciona como una primera pista. En la mitología clásica, la quimera es una criatura compuesta por diferentes naturalezas: cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón.

Esa combinación de elementos que, en principio, parecen incompatibles, se transforma aquí en una metáfora de la convivencia y de la diversidad. La obra toma justamente esa idea para construir un universo donde las diferencias no buscan desaparecer, sino convivir.

La propuesta parte del mundo poético de Federico García Lorca, aunque Araiz se aleja de cualquier intento de trasladar literalmente sus textos al escenario.

Lo que aparece es, más bien, una aproximación al fenómeno poético: sus imágenes, sus contradicciones, sus símbolos, sus zonas oscuras y también aquello que permanece abierto a múltiples interpretaciones.

En ese recorrido aparecen personajes identificados con colores como Azul, Negro y Rojo. La elección no es casual y contribuye a generar un sistema visual en el que cada figura puede adquirir diferentes significados según el momento, la acción o la relación que establece con los demás.

La disparidad, lejos de ser un obstáculo, se convierte en uno de los motores principales de la creación.

Araiz también recupera algunos de los temas y personajes asociados al universo lorquiano. La paternidad, el Niño Muerto de

Así que pasen cinco años, la frustración amorosa, el deseo, el rito vinculado al amor y los aspectos más confesionales aparecen transformados por el lenguaje corporal.

No se trata de representar literalmente esas situaciones, sino de permitir que funcionen como impulsos para la construcción de escenas y atmósferas.

Uno de los aspectos más particulares de Quimera es precisamente esa decisión de no someter la obra a una única lectura. El objeto puede convertirse en personaje y adquirir una dimensión humana, como ocurre con el maniquí y su vestido de novia. Lo cotidiano se vuelve extraño, lo concreto adquiere una dimensión simbólica y los elementos visuales comienzan a dialogar con el cuerpo de los intérpretes.

La creación está estructurada en cinco escenas o cuadros. Cada uno propone una atmósfera diferente y permite que las fronteras entre lo visual, lo sonoro y la acción corporal se vuelvan cada vez más permeables.

El espectador no recibe una narración cerrada, sino una sucesión de imágenes y estados anímicos que pueden ser interpretados de distintas maneras.

También el elenco responde a esa concepción de diversidad. Araiz destaca la presencia de intérpretes con una sólida formación académica y trayectorias diferentes dentro de la danza y las artes escénicas.

Entre ellos se encuentran Jazmín Gude Alonso, Valentín Fernández y Martín Álvarez, primeros bailarines del Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata, cuya participación fue posible gracias a la autorización de su directora, Fernanda Bianchi.

A ellos se suman Sofía Mazza, maestra e intérprete vinculada a obras como Boquitas pintadas y La consagración de la primavera; Yamil Ostrovsky, asistente y repositor de Araiz desde hace años y actualmente maestro creador y director de su propia compañía de teatro del movimiento; Sofía Di Núbila y Pablo Ripari.

El grupo también incorpora a Sofía Brochard, desde la actuación; Marcela Suez, referente del flamenco que además cedió generosamente su estudio para el proyecto; Lucía Fucci, formada en danza contemporánea, y Sofía Muñoz, proveniente de la Universidad Nacional de San Martín.

Esa composición del elenco permite entender mejor el concepto detrás de la obra. No hay una búsqueda de uniformidad técnica, sino la intención de poner en diálogo diferentes experiencias.

Para Araiz, esa convivencia puede producir un lenguaje escénico más amplio, capaz de incorporar distintas maneras de entender el movimiento, la interpretación y la presencia corporal.

El vestuario, diseñado por Renata Schussheim, completa ese universo visual. Su participación aporta otra dimensión a una obra en la que la imagen tiene un peso equivalente al movimiento.

El vestuario no aparece simplemente como un complemento de los intérpretes, sino como parte de la construcción de ese mundo atemporal y deliberadamente alejado de los literalismos.

Al observar el planteo general de Quimera, encuentro una propuesta que apuesta por recuperar algo esencial de las artes escénicas: la posibilidad de que una obra no tenga que explicarlo todo.

En tiempos en los que muchas veces se busca que cada imagen tenga una traducción inmediata, Araiz propone lo contrario: dejar espacios para la imaginación y permitir que cada espectador complete aquello que sucede frente a sus ojos.

La elección de La Capilla del Centro Cultural Recoleta tampoco resulta menor. El espacio permite establecer una relación más cercana con los intérpretes y favorece una experiencia en la que el público puede sentirse involucrado con lo que sucede en escena.

La obra fue pensada específicamente para ese ámbito, por lo que el espacio forma parte de la concepción artística y no funciona simplemente como un lugar de exhibición.

El estreno será este jueves 8 de octubre a las 19, con entrada libre y gratuita para argentinos y residentes, sujeta a la capacidad del espacio y al ingreso por orden de llegada.

La propuesta continuará con funciones los jueves 15, 22 y 29 de octubre, siempre a las 19.

Con Quimera, Oscar Araiz vuelve a poner en escena una mirada donde la danza no aparece aislada de las demás disciplinas, sino en diálogo permanente con el teatro, el vestuario, la imagen y la poesía.

La obra propone entrar en el universo de García Lorca sin encerrarlo en una interpretación única y, al mismo tiempo, reivindica la diversidad como una forma de creación.

Más que ofrecer respuestas, Quimera parece construirse alrededor de preguntas, imágenes y sensaciones. Y allí reside buena parte de su apuesta: en invitar al público a dejarse llevar por un lenguaje escénico donde distintas naturalezas pueden convivir sin necesidad de convertirse en una sola.

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