Cayó la “Banda del Quini”: estafaban a mujeres y robaron casi 400 mil dólares
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Una investigación de dos años permitió desarticular en la Ciudad de Buenos Aires a una organización delictiva que, con una modalidad tan antigua como eficaz, logró estafar a al menos 16 mujeres y hacerse de un botín cercano a los 400 mil dólares.
La llamada “Banda del Quini” cayó tras una serie de allanamientos y dejó al descubierto un entramado de engaños cuidadosamente planificados.
El expediente judicial es contundente: “Se trató de maniobras reiteradas, con roles definidos y una clara división de tareas”, sostiene la resolución que dictó la prisión preventiva.
Para los investigadores, no hubo improvisación sino una estructura aceitada que supo aprovechar la vulnerabilidad de sus víctimas, en su mayoría mujeres mayores que circulaban solas por la vía pública.
Según reconstruyo a partir de la causa, la banda estaba integrada por dos mujeres y un hombre, todos de nacionalidad peruana y con vínculos familiares entre sí.
La investigación, llevada adelante por la División Investigaciones Comunales 3, logró documentar al menos 16 hechos bajo la modalidad del “cuento del tío”, una práctica que, pese a su antigüedad, sigue mostrando niveles de eficacia alarmantes.
El mecanismo era casi siempre el mismo, aunque con ligeras variaciones. Una de las mujeres abordaba a la víctima simulando ser analfabeta y portando un supuesto billete ganador de lotería o del Quini.
La escena estaba cuidadosamente construida: la urgencia por cobrar el premio, la imposibilidad de hacerlo por falta de documentación y la necesidad de confiar en un tercero generaban el contexto ideal para el engaño.
En ese momento aparecía la segunda mujer, quien reforzaba la veracidad del premio y ayudaba a persuadir a la víctima.
Lo que seguía era clave: convencer a la damnificada de trasladarse a su domicilio. Una vez dentro, mientras una de las estafadoras distraía a la víctima —pidiéndole agua o iniciando una conversación— la otra recorría la vivienda en busca de dinero, alhajas u objetos de valor.
El tercer integrante, el hombre, permanecía en las inmediaciones como apoyo logístico y eventual refuerzo en caso de complicaciones.
En algunos episodios, incluso, se detectó el uso de sustancias sedantes para desorientar a las víctimas, lo que eleva la gravedad de los hechos.
La investigación también acreditó situaciones de mayor violencia: en uno de los casos, ocurrido en septiembre del año pasado, los delincuentes utilizaron un arma para concretar el robo dentro de la vivienda.
El primer hecho documentado se remonta al 23 de enero de 2023, en el barrio de Balvanera. Allí, las dos mujeres lograron ingresar a la casa de una vecina bajo el pretexto de un premio de 600 mil pesos. Minutos después de retirarse, la víctima advirtió la falta de 1.500 dólares.
Ese episodio fue el punto de partida de una serie de denuncias que, con el tiempo, comenzaron a mostrar patrones comunes.
A medida que avanzo en el análisis del expediente, aparece otro dato relevante: el destino del dinero. No solo se trataba de sustraer efectivo, sino de integrarlo a un circuito financiero difícil de rastrear.
Parte del botín era convertido a “dalasi”, moneda de Gambia, y luego transferido a países como Italia, España y Perú. Este detalle sugiere un nivel de organización superior al de una banda improvisada.
Las tareas de inteligencia incluyeron el análisis de cámaras de seguridad y seguimientos encubiertos. Una de las pruebas más contundentes fue la obtención de imágenes en un restaurante donde se observa a los tres integrantes repartiendo el dinero obtenido. Esa escena terminó de consolidar la hipótesis de asociación ilícita.
Con esos elementos, la Justicia ordenó allanamientos simultáneos en Balvanera, Belgrano y la localidad bonaerense de Beccar.
Los operativos, realizados con apoyo de fuerzas especiales, culminaron con la detención de dos de los integrantes, mientras que una tercera mujer permanece prófuga.
Durante los procedimientos se secuestraron importantes sumas de dinero en distintas monedas —pesos, dólares, euros y soles— además de objetos vinculados a la actividad delictiva: tabletas sedantes, dispositivos electrónicos, documentación bancaria y ropa utilizada en los hechos. También se incautaron alhajas que podrían pertenecer a las víctimas.
El juzgado interviniente no solo dictó la prisión preventiva, sino que además impuso embargos millonarios sobre los bienes de los acusados.
La medida busca garantizar un eventual resarcimiento económico para las víctimas, aunque recuperar el dinero sustraído en este tipo de maniobras suele ser una tarea compleja.
Más allá del caso puntual, lo que queda en evidencia es la vigencia de este tipo de estafas. La apelación a la confianza, la urgencia y la promesa de una ganancia extraordinaria siguen siendo herramientas efectivas para los delincuentes.
La reiteración de los hechos y el perfil de las víctimas obligan a pensar en la necesidad de reforzar campañas de prevención y concientización.
El desbaratamiento de la “Banda del Quini” representa un golpe importante contra este tipo de organizaciones, pero también deja al descubierto un fenómeno que persiste y se adapta.
La investigación judicial continúa, con una prófuga en la mira y la expectativa de que el avance del proceso permita cerrar definitivamente el círculo de una trama que combinó engaño, vulnerabilidad y precisión delictiva.


