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Clásico caliente: detenciones, reventa y provocaciones en los accesos al estadio

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El operativo de seguridad montado en torno al Superclásico entre River Plate y Boca Juniors volvió a dejar números que hablan por sí solos: once detenidos, más de 550 actas labradas y una postal insólita que incluyó ataúdes simbólicos secuestrados en los accesos al estadio Monumental.

En un partido que siempre desborda pasión, la previa y los alrededores del estadio quedaron otra vez bajo la lupa por los excesos y los intentos de burlar los controles.

“Fue un operativo complejo, con múltiples situaciones que requirieron intervención inmediata”, confiaron fuentes vinculadas al despliegue de seguridad, en una jornada que combinó el fervor típico del clásico con un fuerte accionar preventivo de las autoridades para evitar incidentes mayores.

El dispositivo, coordinado por el Ministerio de Seguridad de la Ciudad, se estructuró en tres anillos alrededor del estadio Monumental, donde la Dirección de Prevención en Eventos Masivos de la Policía de la Ciudad desplegó controles exhaustivos.

En ese contexto, se confeccionaron 564 actas contravencionales, de las cuales más de 300 correspondieron a hinchas que intentaron ingresar sin entrada.

Este dato, lejos de ser anecdótico, refleja una constante en los partidos de alta convocatoria: la presión sobre los accesos y la persistencia de maniobras irregulares para presenciar el espectáculo.

A su vez, 55 personas fueron directamente impedidas de entrar por tener vigente el derecho de admisión, una herramienta clave para restringir el acceso a individuos con antecedentes de violencia en el fútbol.

El resto de las infracciones detectadas incluyó conductas como incitación al desorden, uso de pirotecnia, suministro de alcohol y reventa de entradas.

En paralelo, 40 simpatizantes fueron sancionados por adulterar carnets de socios, una práctica que evidencia la sofisticación de algunos intentos de fraude, mientras que otros seis fueron demorados por tenencia de estupefacientes.

Uno de los focos de conflicto estuvo en el tercer anillo de seguridad, donde 72 cuidacoches —conocidos popularmente como “trapitos”— fueron demorados cuando intentaban cobrar por el estacionamiento en la vía pública.

Este fenómeno, habitual en eventos masivos, sigue siendo un punto crítico en la organización urbana de los espectáculos deportivos.

En cuanto a los hechos delictivos, dos hombres de 25 y 28 años fueron detenidos acusados de robar cadenas de oro a simpatizantes que se dirigían al estadio.

La intervención judicial quedó en manos de la Fiscalía Saavedra-Núñez, que avaló el procedimiento y dispuso el traslado de los acusados a una dependencia policial.

A estos casos se sumaron otras detenciones por atentado y resistencia a la autoridad, en medio de distintos episodios de tensión con efectivos de seguridad.

También se registraron situaciones vinculadas a la portación de objetos peligrosos: dos hinchas fueron sancionados por llevar armas no convencionales, específicamente un cuchillo de cocina y un cortaplumas.

En paralelo, se controlaron seis micros que trasladaban a unos 250 fanáticos, detectándose infracciones por consumo de alcohol a bordo y el secuestro de 20 botellas.

Sin embargo, uno de los episodios más llamativos fue la incautación de ataúdes simbólicos decorados con los colores del rival.

Dos hombres fueron interceptados en la intersección de Avenida del Libertador y Comodoro Rivadavia con estos objetos, lo que derivó en actas por provocar a la parcialidad contraria.

La misma sanción recayó sobre otros tres hinchas que portaban carteles con idéntica simbología. Estas acciones, aunque no necesariamente violentas en sí mismas, son consideradas provocaciones que pueden escalar en contextos de alta rivalidad.

La reventa de entradas también volvió a aparecer como una problemática vigente: dos individuos fueron sorprendidos ofreciendo tickets a 400 mil pesos en las inmediaciones del estadio, lo que derivó en su imputación por infracción al Código Contravencional.

Este tipo de maniobras no solo afecta a los hinchas, sino que también alimenta un circuito ilegal que las autoridades buscan desarticular en cada operativo.

En definitiva, el Superclásico volvió a demostrar que, más allá del espectáculo deportivo, representa un desafío logístico y de seguridad de gran escala.

Los números del operativo reflejan tanto la magnitud del evento como la necesidad de sostener controles estrictos para prevenir incidentes en uno de los encuentros más convocantes del fútbol argentino.

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