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Cerraron un búnker narco en Chacarita y el detenido ofreció $5 millones para evitar el arresto

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El operativo ocurrió en cuestión de minutos, pero dejó al descubierto una escena que refleja con crudeza el funcionamiento del narcomenudeo en los barrios porteños.

La Policía de la Ciudad cerró este sábado un búnker de drogas en el Barrio Fraga, en Chacarita, y detuvo a un ciudadano peruano de 20 años que, al verse rodeado por los efectivos, intentó evitar la detención con una oferta insólita: ofreció cinco millones de pesos a los policías para que lo dejaran escapar.

“Te doy cinco millones si me soltás”, fue, según trascendió del procedimiento, la desesperada propuesta del joven cuando comprendió que ya no tenía margen para escapar.

La escena ocurrió dentro de la vivienda donde operaba el punto de venta de drogas, en un contexto en el que los efectivos ya habían encontrado cocaína, marihuana, una balanza de precisión y un arma de fuego.

El intento de soborno no sólo no prosperó, sino que terminó agravando aún más su situación judicial.

Todo comenzó durante una recorrida preventiva realizada por personal de la Policía de la Ciudad en la zona del Barrio Fraga, un sector que en los últimos años ha estado bajo seguimiento por distintos episodios vinculados al narcomenudeo.

Mientras patrullaban el lugar, los efectivos observaron una maniobra que les llamó inmediatamente la atención: dos hombres realizaban un intercambio rápido de pequeños envoltorios, una modalidad conocida en el ambiente policial como “pasamanos”, habitual en la venta callejera de droga.

Cuando los sospechosos notaron la presencia policial, reaccionaron de inmediato. Uno de ellos logró escapar corriendo por los pasillos del barrio, perdiéndose entre las viviendas.

El segundo, en cambio, intentó refugiarse dentro de una casa cercana. Esa decisión fue determinante. Los efectivos lo siguieron e ingresaron al domicilio, donde finalmente lograron reducirlo e identificarlo.

Una vez dentro de la vivienda, la escena confirmaba las sospechas. Sobre una mesada los agentes encontraron un arma de fuego calibre 32, sin munición, junto con distintos envoltorios de droga ya fraccionados y listos para la venta.

También había elementos utilizados habitualmente para el acondicionamiento y distribución de estupefacientes, lo que reforzó la hipótesis de que el lugar funcionaba como un búnker de comercialización.

Con la presencia de dos testigos se procedió al secuestro formal de todos los elementos hallados. El relevamiento permitió contabilizar una cantidad significativa de sustancias.

En total se incautaron 40 envoltorios de nylon transparente que contenían clorhidrato de cocaína, con un peso aproximado de 16 gramos.

A su vez, los investigadores encontraron cinco bolsas que contenían 25 envoltorios cada una con la misma sustancia, lo que sumó otros 53,9 gramos.

Pero eso no fue todo. Dentro de una bolsa también apareció un trozo compacto blanco similar al clorhidrato de cocaína, con un peso cercano a los 74 gramos.

Sumando todo lo secuestrado, la cantidad total de cocaína ascendió a 144 gramos. Además, los policías hallaron una bolsa con un trozo de marihuana que pesaba 26,3 gramos y una balanza de precisión, herramienta clave para el fraccionamiento de la droga antes de su venta.

El hallazgo del arma de fuego también fue un elemento central dentro del procedimiento. Aunque se encontraba sin munición, su presencia en el lugar refuerza un patrón que los investigadores observan con frecuencia en este tipo de puntos de venta: los búnkers suelen contar con armas para proteger la mercadería, el dinero o disuadir posibles conflictos con otros vendedores o compradores.

Tras el procedimiento, intervino la Unidad Fiscal de Lucha contra el Narcotráfico del Norte (UFLA Norte), a cargo del fiscal José Guerrero.

Desde esa dependencia judicial se dispuso la detención inmediata del imputado, además de ordenar que el inmueble sea formalmente catalogado como búnker narco.

La medida también incluyó la implantación de una consigna policial fija en el lugar, una decisión que suele adoptarse cuando las autoridades buscan impedir que el punto de venta vuelva a funcionar o sea ocupado por otros vendedores vinculados al mismo circuito ilegal.

En los barrios donde operan estos búnkers, el narcomenudeo suele desplegar una dinámica particular: pequeños puntos de venta que funcionan durante horas o incluso días enteros, con droga fraccionada en dosis mínimas listas para ser entregadas rápidamente.

Los intercambios son breves, discretos y muchas veces se realizan a través de “pasamanos” para evitar ser detectados.

Sin embargo, este tipo de estructuras también suele tener una logística organizada detrás. Quienes investigan estos circuitos saben que los vendedores de menor rango —muchas veces jóvenes— suelen ser la cara visible de una cadena más amplia que incluye abastecimiento, transporte y distribución.

El cierre del búnker en el Barrio Fraga representa, al menos de manera temporal, un golpe a ese esquema de venta local.

La intervención policial permitió retirar droga de circulación, secuestrar elementos utilizados para el fraccionamiento y desarticular el punto desde donde se realizaban las operaciones.

El detenido quedó a disposición de la justicia mientras avanza la investigación, que buscará determinar si el joven actuaba solo o si formaba parte de una estructura mayor vinculada al narcomenudeo en la zona.

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