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La Policía de la Ciudad avanzó contra una red dedicada al “cuento del tío”

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La Policía de la Ciudad volvió a poner bajo la lupa una de las modalidades de estafa más persistentes y dañinas del delito urbano: el llamado “cuento del tío”.

Tras una investigación que se extendió durante varios meses, efectivos porteños concretaron dos allanamientos simultáneos en los barrios de Vélez Sarsfield y Floresta, logrando identificar a una banda organizada dedicada a este tipo de engaños y secuestrar una importante cantidad de dispositivos electrónicos clave para la causa.

“Estamos frente a una estructura que actuaba de manera planificada, con roles bien definidos y un claro conocimiento de las rutinas de las víctimas”, deslizaron fuentes judiciales vinculadas al expediente, una definición que sintetiza la gravedad del caso y explica por qué la pesquisa avanzó con medidas de alto impacto en distintos puntos de la Ciudad.

La investigación se inició a partir de un hecho ocurrido en febrero de este año, cuando una mujer fue víctima de una estafa mientras se encontraba fuera de su vivienda.

Según consta en la denuncia, la maniobra se activó a través de un llamado telefónico recibido por la empleada doméstica del domicilio.

Del otro lado de la línea, un hombre que se presentó como el contador de la familia aseguró que era necesario retirar de manera urgente una suma de dinero en dólares que la dueña de casa tenía guardada.

El relato, cuidadosamente armado, apeló a la confianza y a la urgencia. Convencida de que se trataba de una instrucción legítima, la empleada rompió un placard donde se encontraban los ahorros de la damnificada y entregó el dinero a un sujeto que se presentó minutos después en la vivienda, haciéndose pasar por el profesional mencionado. Todo era falso: ni el contador existía ni había ningún trámite que justificara el retiro del dinero.

Este tipo de estafas, explican investigadores del área de Contravenciones y Faltas, se sostiene en guiones preestablecidos, llamados telefónicos en cadena y una logística aceitada que permite que el dinero cambie de manos en pocos minutos, dificultando la reacción de las víctimas y el rastreo inmediato de los autores.

A partir de la denuncia, el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 31, con intervención de la Fiscalía Criminal y Correccional N° 12, ordenó una serie de medidas investigativas que incluyeron el análisis de cámaras de seguridad públicas y privadas, el seguimiento de vehículos utilizados en la maniobra y la identificación de las personas que participaron directa o indirectamente del engaño.

Las tareas estuvieron a cargo de la División Contravenciones y Faltas de la Policía de la Ciudad, que logró reconstruir el recorrido del falso contador, establecer conexiones telefónicas y detectar domicilios vinculados a la operatoria.

De acuerdo a fuentes del caso, el uso intensivo de tecnología fue clave para avanzar sobre una modalidad delictiva que, paradójicamente, también se apoya en herramientas digitales para concretarse.

Con la información reunida, la Justicia autorizó allanamientos en Moctezuma al 1400 y Sanabria al 1400, donde los investigadores secuestraron 15 teléfonos celulares, una notebook, un DVR, dos pen drives, tres adaptadores de memoria y una tarjeta SIM.

Cada uno de estos elementos será ahora peritado para determinar su rol dentro de la estructura de la banda y si existen vínculos con otros hechos similares denunciados en la Ciudad o en el conurbano bonaerense.

Durante los procedimientos fueron identificadas 12 personas, un dato que refuerza la hipótesis de una organización con múltiples integrantes y tareas diferenciadas: quienes realizan los llamados, quienes se presentan en los domicilios, quienes coordinan movimientos y quienes administran la información obtenida.

El “cuento del tío” no es un fenómeno nuevo, pero en los últimos años mostró una evolución preocupante.

Las autoridades advierten que las bandas combinan técnicas tradicionales de engaño con bases de datos, redes sociales y suplantación de identidades profesionales o familiares. Adultos mayores, empleados domésticos y personas solas en sus casas aparecen entre los blancos más frecuentes.

Desde el ámbito judicial subrayan la importancia de denunciar rápidamente este tipo de hechos y de reforzar campañas de prevención que adviertan sobre llamados urgentes, pedidos de dinero y supuestos intermediarios.

“Ninguna entidad seria solicita movimientos de efectivo por teléfono”, repiten los investigadores como una consigna básica para evitar caer en estas trampas.

La causa continúa en etapa de análisis y no se descartan nuevas imputaciones ni más allanamientos a partir del material secuestrado.

Mientras tanto, el caso vuelve a poner en agenda la necesidad de combinar investigación judicial, tecnología y prevención ciudadana para frenar una modalidad de estafa que, con distintos disfraces, sigue encontrando víctimas en la vida cotidiana porteña.

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