El vandalismo en la Ciudad y su costo para reparación y mantenimiento

Cada mes, la Ciudad debe destinarle más de $ 40 millones a recuperar estatuas, cambiar contenedores de residuos, limpiar paredes con grafitis y otros daños que se producen en el espacio público. Para que la cifra sea más evidente: se trata de $ 1,3 millón por día.

El número surge de un informe del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad. Según detalla, el gasto mensual alcanza en promedio los $ 40.223.929. Estos fondos se destinan a tres rubros principales. El más caro, el vandalismo que se da contra la infraestructura de higiene urbana, que tiene que ver sobre todo con los permanentes daños que sufren los contenedores para volcar la basura, que son golpeados por autos, incendiados, pintarrajeados o colmados de pegatinas. Este ítem se lleva más de $ 24,4 millones al mes.

En segundo lugar están los daños contra el mobiliario urbano y los edificios, desde la rotura de veredas y bancos hasta la limpieza de los grafitis. El ejemplo más claro: la fachada del Cabildo, un blanco permanente en cada manifestación que se realiza en la Plaza de Mayo. En esto se van unos $ 11 millones al mes.

El tercer rubro es el perjuicio que sufren los espacios verdes, por los que se gastan $ 4,7 millones mensuales en promedio. Incluye desde el robo de plantas o instalaciones de riego hasta el daño recurrente que sufren las fuentes de agua y las esculturas.

Este año hay un factor agregado: las elecciones, que como en todo tiempo electoral traen una lluvia de pintadas y grafitis en las paredes porteñas.

Pero más allá de este tema puntual, el daño por vandalismo es crónico. Los ejemplos son múltiples e indignantes. Uno, el del Monumento a España, levantado al final de la Costanera Sur. Fue inaugurado en 1936, como un homenaje del Estado nacional a la comunidad española. Tiene 29 esculturas, que forman un conjunto sobre un basamento de granito rojo. Pero muchas de las imágenes están decapitadas o mutiladas desde hace años.

Otro caso triste es el del Paseo del Tango, en la zona del Abasto. Inaugurado en 2014, de las 11 estatuas que supo tener hoy solo quedan dos. El resto tuvo que ser sacada y llevada al taller que tiene el Gobierno porteño para rescatar estas obras.

Entre ellas, un caso que parece un colmo: la imagen de Mariano Mores, a la que ya habían tenido que mudar de su ubicación original, en San Telmo, justamente por el vandalismo que sufría, y que en su nueva ubicación tampoco se pudo evitar.

Algunas estatuas permanecen intactas, casi por milagro. Por ejemplo, las de Mafalda y el resto de los personajes creados por Quino, que están en la esquina de Chile y Defensa. ¿Será porque se trata de figuras populares, muy queridas, junto a las que siempre se ven turistas sacándose fotos? No parece ser un motivo suficiente: en 2014, el canal TyC Sports instaló en Plaza Francia tres estatuas de Maradona, Messi y Batistuta, pero sufrieron tantos ataques vandálicos que tuvieron que ser retiradas.

El subte no está incluido en ese gasto mensual, pero también es un foco permanente de vandalismo, en especial de grafiteros. A veces, de manera muy violenta, como se comprobó esta semana cuando trascendió el video que muestra uno de esos ataques, en forma de patota, en la estación Flores. En los últimos años, Metrovías y SBASE (la concesionaria y la controladora de la red) lograron que la Justicia respondiera rápidamente cuando lograban detener o identificar atacantes, que en varios casos terminaron obligados a limpiar los vagones pintarrajeados, a manera de probation.

Imagen de vagones de subte pinttados en graffitis en agosto de este año.

Imagen de vagones de subte pinttados en graffitis en agosto de este año.

Fueron de los pocos casos en que hubo condenados o responsables. El Código Penal, en su artículo 184 inciso 5, establece tres meses a cuatro años de prisión a quien dañe propiedades públicas. A su vez, la ley 4.830, de la Ciudad, sanciona con multas o trabajos comunitarios. Pero la mayoría de los ataques queda impune, porque se hacen de noche, no se identifica a los agresores, y otras causas.

En el subte, además, hace cinco años se tomó una decisión: no dejan circular a las formaciones grafiteadas. Si no están limpias, no corren. Lo mismo se hizo décadas atrás con el subte de Nueva York, que también era víctima de los grafitis. El objetivo es que el vandalismo no se vea, que no tenga publicidad. La idea se basa, acaso, en lo que se conoce como la “teoría de las ventanas rotas”, publicada en 1996 en Estados Unidos, que postula que si el espacio público en una ciudad está bien mantenido, la gente lo cuida más, y entonces pueden disminuir los actos de vandalismo y hasta la criminalidad en general. El problema es que en Buenos Aires ese mantenimiento cuesta más de $ 40 millones por mes. Que podrían usarse para otra cosa, si la gente no rompiera lo que es suyo.

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