Un bar de San Telmo en peligro de cierre: Plaza Dorrego

En estos días, uno de los cafés notables porteños más famosos se describe en negativo. El salón no tiene clientes. De la cocina no salen los lomitos completos que son su clásico. El tonel de la barra, siempre rebosante de maní con cáscara, está vacío. El administrador, cuentan los trabajadores, no paga el alquiler desde mayo ni los sueldos desde agosto. Y el contrato no corre más desde este martes. Pero sus siete empleados buscan mantenerse positivos: hacen vigilia las 24 horas, con la esperanza de mantener el café abierto y convertir la empresa en una cooperativa. Es el bar Plaza Dorrego, en Defensa y Humberto Primo, corazón de San Telmo.

Las persianas del café están bajas, pero sus empleados adentro siguen firmes. Los siete están reunidos esta tarde lluviosa de martes para discutir cómo siguen. Después se irán turnando para estar en el bar las 24 horas, como hacen desde principios de septiembre. Cuentan que desde hace dos meses no cobran su sueldo y, desde hace más de dos años, su empleador no paga sus aportes para jubilación, obra social y sindicato.

No es fácil decidir qué hacer: los siete están envueltos en una paradoja. Es que el contrato de alquiler venció el lunes, relatan, pero aún sigue la relación laboral con el administrador, Rubén Yufera. “El dueño del local se reunió este martes con él y le pidió que le entregara la propiedad, algo entendible porque es su derecho como propietario. Pero al mismo tiempo nosotros estamos ligados al lugar porque nunca fuimos despedidos”, explica Sergio Alfonso, vocero de los trabajadores en vigilia. Y agrega que ya le iniciaron juicio al gastronómico, para que les devuelva lo adeudado.

Entre todos los empleados, suman más de un siglo y medio de antigüedad. Los más veteranos son Fernando Aramayo, en las hornallas hace 28 años; su colega Joaquín Peralta, en igual puesto durante un tiempo similar; y Carlos Sequeira, que desde hace tres décadas lleva y trae las bandejas sobre el piso en damero, y que esta tarde muestra orgulloso su foto junto a Bill Clinton, cuando en 1997 el ex presidente visitó el café.

En el bar también están el mozo Gustavo Funez, el cocinero Adrián Villalba y la única mujer del equipo, Graciela Peloso, que puede limpiar, cocinar o exprimir tres cajones de naranjas por día para hacer jugo natural.

A sus labores habituales, hace un mes le sumaron la de pasar la noche en el bar. Su presencia permanente en el café tiene un doble objetivo: cumplir su jornada laboral y apostar a su continuidad. “Seguiremos abriendo hasta que poder dialogar con el dueño de la propiedad. Queremos alquilarle el local y seguir con el bar como una cooperativa. Sabemos que, si nos vamos, no podremos volver a entrar. Este miércoles abriremos a las 8 normalmente”, reconoce Alfonso. Y agradece el apoyo de vecinos, organizaciones barriales y ​la Federación de Trabajadores por la Economía Social (Fetraes).

Hay una política de vaciamiento. El administrador empezó a dejar de comprar mercadería y a cerrar a la tarde, que es cuando viene más gente -sostiene Alonso-. Creemos que lo hizo para argumentar que no facturaba bien como para pagar el alquiler, los servicios y los sueldos, y retirarse de la actividad sin pagar nada. Cualquier persona que ve cómo trabaja el bar sabe que el lugar funciona”.

Una vecina que se asoma, ñata contra el vidrio, le da la razón. “Tienen que hacer algo, este bar es un clásico”, dice cuando se anima a entrar. Y se apoya sobre el mostrador de madera en forma de “L”. Es el mismo que enmarcó el encuentro entre Borges y Sábato 44 años atrás. 

Bar Plaza Dorrego en San Telmo en peligro de cierre. Los empleados quieren mantenerlo abierto formando una cooperativa. Foto: Maxi Failla

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