Transporte en Subte en la Ciudad. Crece el público que usa este medio

02-05 Radiografia del Subte. Linea A. Estacion Lima.

El subte de la Ciudad de Buenos Aires es el primero en Latinoámerica y uno de los más cortos de la región. Los funcionarios dicen que está en crecimiento, aunque la realidad indica que ya no tendrá ampliaciones hacia junio, cuando por fin estén inaugurados dos kilómetros que tardaron 20 años en completarse. El subte porteño es un mundo de contrastes. Un servicio con frecuencias de tres minutos. También de cuatro. También de seis. Con estaciones amplias y ventiladas, y otras estrechas, húmedas, con luz blanca, de reflector o carnicería. Es una red de seis letras -A, B, C, D, E y H- con nueve tipos de trenes. Con vagones con aire acondicionado y toda una línea, como la E, sin más refrigeración que las ventanillas bajas. El subte es un transporte vital que en los últimos seis años sumó en promedio casi 200 pasajeros por día. Un crecimiento que ocurrió y que ocurre mientras mantiene las mismas deudas históricas.

“Y bueno, no somos Suecia”, dice y se ríe María, docente, campera negra y una bolsa con carpetas en la mano. Son las 9:30 de un lunes de mayo en la estación Emilio Mitre, y ella elige esa frase para justificar el estado de la línea E, la más postergada. “Qué te puedo decir… trato de elegir los horarios. Hoy no me quedó otra que venir entre las 9 y las 10. Pero si no, lo evito”.

 Línea E. Tiene los coches más viejos, ninguno con aire acondicionado y la peor frecuencia. Foto: Andrés D'Elia.
Según datos de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, el año pasado, en la línea E hubo 2.683 minutos de interrupción. La cifra equivale a dos días completos de subte parado por causas relacionadas con la operación del servicio, sin considerar cortes por huelgas, pasajeros descompuestos u otros casos fortuitos. Desde SBASE -el ente estatal a cargo de la red- reconocen el atraso, pero enfatizan que “la mayor inversión del subte se está haciendo en la E”.

Tres nuevas estaciones, el próximo cambio

Las estaciones Correo Central, Catalinas y Retiro, que estarán inauguradas en junio, prometen cambiarle la cara a la E, no sólo por la extensión que implican, sino también porque su apertura está acompañada de otras mejoras, como la renovación de vías y la creación de un taller para el mantenimiento de la formaciones.

La construcción de las tres estaciones empezó en 2009, bajo la administración kirchnerista y cuando el subte todavía dependía del Gobierno nacional. En 2012, el servicio pasó al Ejecutivo porteño. La extensión debió inaugurarse entonces, pero lo que había era un túnel fantasma sin vías ni señales, tampoco mobiliario ni escaleras mecánicas.

Discusiones sobre a qué administración le correspondía asumir los gastos para completar el proceso, dilataron una y otra vez la obra, que para muchos fue eterna. Si se cuenta el tiempo desde la primera licitación, en 1999, los años que arrastra suman 20.

Hasta ahí se llega bajando por accesos todavía no habilitados. Están en el cruce de las avenidas Libertador y Ramos Mejía, a pocos metros de la estación Retiro del tren Mitre. Desde ese punto y hasta el CCK, son dos kilómetros de caminata sobre piedras, durmientes y vías todavía vírgenes. Todo, bajo el techo de la avenida Alem, en tierras ganadas al río.

Como ya había ocurrido en la construcción de otras líneas de subte, las excavaciones generaron hallazgos. Estribos de caballos, huesos de vacas, jarrones, una bala de cañón, botellas de cerveza y una plancha fueron entregadas al Museo de la Ciudad. Pero eso no fue todo: topógrafos dieron también con una chimenea de una fábrica de coque del 1800, y la parte de un muelle que existió cuando el Río de la Plata llegaba hasta ahí. De hecho el túnel fue construido en la zona de la barranca hacia el río, luego de tareas de bombeo para bajar el nivel del agua. Además, las perforaciones tuvieron que hacerse con mini retroexcavadoras, porque una tuneladora grande hubiera puesto en peligro a los edificios del Bajo, que se podrían haber derrumbado. Incluso, la base del CCK necesitó un refuerzo.

Pero ahora todo permanece firme, aun cuando los túneles pasan por debajo de las líneas C y B, con las que el usuario del E -una vez que todo esté operativo- también podrá combinar. Los funcionarios insisten en que unir Flores con Retiro llevará 22 minutos. Por el momento, la única certeza es que, cuando la ampliación de la E sea inaugurada, ya no habrá prolongaciones ni líneas en construcción.

Pionero en América Latina

En Buenos Aires, la costumbre de viajar bajo tierra acumula más años que la de trasladarse arriba de un colectivo. Es que el subte llegó antes, allá por 1913, con la puesta en funcionamiento de la línea A, pionera en Latinoamérica y en el mundo de habla hispana. El hito era un orgullo argentino y las autoridades no lo dejaron caer. En los 27 años siguientes, se construyó el 60% de la red, con 49 estaciones. Después, pasaron cosas: la Década Infame, golpes militares, democracias inestables, privatizaciones y crisis económicas. Hoy la red tiene 87 estaciones y el orgullo de ser la primera quedó archivado.

Si se lo compara con otras ciudades, el retraso en la red porteña se hace más evidente. Del otro lado de la cordillera, Santiago de Chile empezó la construcción de su red 56 años más tarde que la Argentina. Hoy lleva 140 kilómetros, mientras que la de Buenos Aires llegará a 57 con lo que sume la E. Lo mismo ocurre en San Pablo, que dio inicio al subte en 1974 -medio siglo después- y hoy puede recorrerse a lo largo de 84 kilómetros. La comparación empeora si se mira a Madrid. Ahí el subte llegó cuatro años después que en Buenos Aires y desde entonces acumula 294 kilómetros. El resultado es irrefutable: una red cinco veces más grande que la porteña.

 

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